El legalismo dentro del pueblo de Dios
(Romanos 14)

Uno de los males que más descontento genera dentro del pueblo de Dios es la actitud legalista. Parece ser que este es un mal incurable ya que aún no ha habido un momento en la historia durante la cual el pueblo de Dios haya estado libre de esta enfermedad. Al hablar de este tema inmediatamente nos viene a la mente el legalismo de los fariseos, siendo ellos los que mejor tipificaron este tipo de actitudes pecaminosas.

Existen prácticas que son claramente identificadas en la Palabra como pecaminosas, pero también hay prácticas que no están claramente estipuladas y requieren cierto juicio o interpretación por parte del creyente. Es precisamente en esas áreas donde muy frecuentemente incurrimos en el error de juzgar al otro, con lo cual con frecuencia pecamos.

En los tiempos del apóstol Pablo, habían dos o tres asuntos que con frecuencia eran discutidos entre hermanos en la fe y que generaban discusión, entre estos, la necesidad de circuncidarse o no, el ingerir carne o solo vegetales, días a observar, etc. La carta a los Gálatas fue escrita precisamente por estas razones. Los judíos que ya habían creído en la salvación por gracia, como enseña la Palabra, estaban tratando de enseñar nuevamente que las obras eran necesarias para ser salvo, en lugar de ver las obras como evidencia de nuestra salvación, como enseñan las Escrituras.

En nuestros días, hay otro tema controversial que con frecuencia genera críticas y actitudes pecaminosas y es el tema de la música. Hay un sector de la iglesia que entiende que los himnos son las únicas canciones que deben ser entonadas dentro de las iglesias y que estos himnos solo deben ir acompañados de piano o de órgano. Otros no vemos la adoración de esa manera y entonamos canciones de adoración contemporáneas acompañadas de diferentes instrumentos musicales. Los que apoyan la adoración tradicional acusan a los de adoración contemporánea de irreverentes, y los que prefieren la adoración contemporánea tildan a los otros de aburridos. En el proceso ambos están pecando porque todos estos hermanos disfrutan inmensamente su tipo de música y adoración. Tenemos que reconocer que de la misma manera que lo sagrado de la adoración no depende de un piano o de un órgano (la iglesia primitiva no tenía piano ni órgano), el gozo del Señor tampoco depende del tipo de música o de los instrumentos que se prefieran.

¿Cómo hemos de manejar estos asuntos controversiales que constantemente se levantan entre los hermanos?

1. Reconocer que la vida cristiana consta de diferentes etapas dentro de un proceso de santificación; unos maduran más rápidamente que otros. Los mas maduros muchas veces van perdiendo el interés por ciertas cosas que no son pecaminosas en sí, pero que debido a la etapa de madurez espiritual en que se encuentran, ya no le atraen como antes. Por su parte, los que son menos maduros se sienten atraídos por estas cosas y Pablo se refiere a ellos como hermanos ‘débiles en la fe’.

2. No olvidar que si nos encontramos en una etapa más avanzada espiritualmente, es solo por la gracia de Dios y no por nuestros propios esfuerzos.

3. No juzgar. Cuando pasamos juicio sobre el otro nos estamos tomando una atribución que solo le pertenece a Dios y al hacer eso, pecamos. Pero aún muchas veces estamos juzgando al otro cuando en nuestras vidas existen cosas mucho más grande con las cuales estamos pecando y ni siquiera las vemos. Antes de señalar al otro, inspecciona tu consciencia y pregúntate si lo que sientes no es mas por celos o envidia que por cualquier otra cosa; o si es una cuestión de preferencia; o si es una cuestión de madurez y que el otro no ha llegado donde Dios te ha llevado por gracia.

4. No ser piedra de tropiezo para otros. Versículo 13 “Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano”. En el contexto de la iglesia de Corinto, unos hermanos creían que era pecado comer carne sacrificada a los ídolos y otros creían que no, Pablo les instruye que si estaban en presencia de un hermano que creía que era pecado comer carne sacrificada a los ídolos, pues que se abstuvieran de comerla para no ser piedra de tropiezo para ese otro hermano. En otras palabras, no hagas algo que a tu hermano lo vaya a llevar a la crítica o la ira porque a hacer eso estás pecando contra tu hermano.

Cosas en nuestros corazones que nos llevan a tener actitudes legalistas y condenatorias.

1. En el corazón legalista hay una ausencia de gracia hacia sí mismo y hacia los demás. Cuando falla, tiene gran dificultad en perdonarse a sí mismo y se auto-condena mas allá del perdón concedido por Dios. Pero así mismo, tiene una gran dificultad de ver al otro a través de ojos de gracia. Esa persona no sabe aplicar al otro, la gracia que él ha recibido de parte de Dios.

2. Esa persona frecuentemente es ciega hacia sus propias faltas y magnifica las faltas de los demás. Lo que le hace ciega hacia sus propias faltas es la viga en su ojo que le hace pensar que tiene más santidad que otros. Esa persona se ve con frecuencia como mas madura, más espiritual y mas centrada en Dios que otros.

3. Esa persona por lo general es muy orientado hacia las tareas. Por tanto cuando él o ella no ve a otros haciendo ciertas tareas que ellos sí hacen, ellos juzgan a esas personas por no estar haciendo las tareas que ellos consideran de valor. Y puede ser que otros debieran estar haciendo las tareas que ellos hacen; pero el problema está en considerar que el hacer esas tareas en mi vida son motivo para que Dios se sienta más complacido conmigo.

4. Otra característica del legalista es su espíritu crítico. Cada vez que él o ella no se siente cómodo, critican y condenan aquello que no le hace sentir cómodo.

5. El espíritu legalista con frecuencia usa su propia estándar para juzgar a otros. Muchas veces escuchamos a personas legalistas decir con regularidad “yo no haría eso”, pero no podemos olvidar que nosotros no somos el estándar por el cual Dios juzga las cosas.

6. El espíritu legalista no reconoce la individualidad de los llamados. Dios llama a algunos a hacer algunas cosas y a otros otras, y quizás Dios quiere hacer diferentes cosas en distintos lugares.

Examinemos nuestros corazones para ver si hay alguna de estas actitudes legalistas que tengamos que erradicar de nuestro testimonio cristiano.

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