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Dios: El autor de toda la historia

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Pasaje Bíblico: Hechos 13:13-52

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Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Dios: El autor de toda la historia” basado en Hechos 13:13-52. Este sermón es una continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra” sobre el libro de los Hechos.

A la primera ocasión que Pablo tuvo en la sinagoga, se le dio una tremenda oportunidad de trazar toda la historia del pueblo de Israel desde que salieron de Egipto hasta llegar a la persona de Jesús, enfatizando en la provisión de Dios. En la historia de Dios con Su pueblo, los planes de Dios han sido indetenibles y la fortaleza de Dios ha sido capaz de vencer la mayor debilidad del hombre (Romanos 4:17).

Pablo relata que, pasado el tiempo de la esclavitud, Dios oyó el clamor del pueblo y lo sacó de Egipto con brazo levantado. De allí, Dios lo sacó al desierto por 40 años, de camino a la tierra prometida, la cual estaba ocupada por siete naciones más grandes y poderosas (Deuteronomio 7:1; Isaías 43:4). Estas naciones eran tan pecaminosas que Dios permitió que Su pueblo llegara y las desplazara de la tierra como parte de Su juicio contra ellas (v.19). Luego, Dios les dio jueces (v. 19 y 20) que servían como líderes militares. Eran buenos al principio, pero fueron decayendo, llevando el pueblo a idolatría y pecado. Como consecuencia, Dios permitió que fueran oprimidos por pueblos paganos. Israel entonces clamó a Dios, se arrepintió y Dios levantó a otro juez que los sacó de su condición. Ese mismo ciclo se repitió siete veces por más de cuatro siglos; el pueblo hebreo se caracterizó más por la rebelión que por la obediencia. El último de estos jueces fue Samuel quien también actuó como profeta. El pueblo le pidió a Samuel que les diera un rey para ser como las demás naciones porque no querían ser gobernados por los hijos Samuel quienes eran corruptos. Esto desagradó a Dios porque hasta ese momento Dios había sido su rey. Como consecuencia, Dios les dio a Saúl quien los gobernó con mano dura por 40 años. Luego de Saúl, David subió al trono, un hombre caracterizado por ser conforme al corazón de Dios, pero que también tuvo sus propias debilidades.

La historia que Pablo narra del Antiguo Testamento culmina con el personaje David y de ahí Pablo hace un salto para llegar a la persona de Jesús (v.23), introducida por Juan el Bautista. Jesús es introducido como hijo o descendiente de David.

El versículo 36 tiene tres palabras claves: “después”, “propósito” y “generación”. El texto habla de la muerte de David: por un lado, nos deja ver que fue como la de cualquier mortal porque su cuerpo vio corrupción; pero también nos deja ver que su muerte ocurrió después del cumplimiento de su propósito en la vida. La palabra “después” no aparece aquí de manera accidental; Dios nos deja ver que David permaneció con vida hasta que Dios culminara su propósito en esta tierra y después murió (Mateo 6:27; Salmo 139:16).

La segunda palabra destacada es “propósito”. Dios hizo nacer a David en su momento porque su vida tenía un propósito dentro de su propia generación. Los propósitos de Dios son “tiempo-específico” (Gálatas 4:4) y “generación-específico”. Dios nos ha puesto en esta tierra para impactar y cambiar la historia bajo Su dirección y señorío, y para Su honor y gloria.

Nuestra satisfacción en la vida depende de que hayamos encontrado y estemos viviendo el propósito para el cual Dios nos creó. La insatisfacción con la que vive mucha gente hoy en día se debe a que no está viviendo el propósito de Dios en su vida, no lo está llevando a cabo a su manera o no lo está realizando en el tiempo del Señor. Dios es la única persona que puede enfocar todos mis dones, talentos, oportunidades y energías en una sola dirección. Fuimos creados para vivir en relación con Dios, en total dependencia del Señor. Una vida enfocada en Dios y enfocada por Dios es una vida que marca su generación porque es vivida con sentido de la eternidad. Si no encuentras el propósito de Dios para tu vida, Satanás suplirá uno para que lo lleves a cabo que lucirá atractivo, pero pronto pierde su brillo. Son propósitos son temporales, engañosos y son de vergüenza al final; los de Dios son eternos, veraces y están llenos de gloria.

“Generación” es la tercera palabra clave en este pasaje. Una generación es el conjunto de personas que viven más o menos en una misma época. Unos sirven a su generación como David lo hizo y otros se sirven de ella. Muchas veces no estamos satisfechos porque no estamos sirviendo. Nuestro Dios no es un Dios pasivo; Cristo dijo, mi Padre trabaja hasta hoy y yo también trabajo (Juan 5:17). Mi propósito está íntimamente relacionado a mi servicio.

En conclusión, usando la vida de David como ejemplo, recuerda que fuiste creado para conocer y amar a Dios y para llenar ciertas metas dentro de Su plan redentor. El conocer tu propósito determina tus prioridades y el realizar tu propósito es la clave de tu vida.

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